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Berlín: «El muro aún no cae en Sudamérica»

Pasaron  tres décadas de la caída «del Muro de Berlín», o también llamado «de protección antifascista», como todos sabemos, la Alemania Nazi después de la segunda guerra mundial fue comidilla de los rusos y los estadounidenses.

La estructura separatista inició su construcción en el año 1961, se propagó como una plaga, para el 1975 fue un verdadero gigante de cemento que abarcaría 43 kilómetros fronterizos, custodiaban la fortaleza de la vergüenza  unos 7000 soldados que no dudaron en matar a más de 600 personas. Quedaron sus sueños deshechos en la «franja de la muerte».   

A 30 años «lo patéticamente conmovedor» fue derrumbado, pero el nefasto muro tomó impulso, habita en sudamérica, está más vivo que nunca y nos hace gemir como cerdas.

La guerra fría no descansa, es atemporal, infinita y dominante.

Las corrientes ideológicas establecidas para dominar el nuevo mundo, ante la caída del Nazismo, trae consecuencias hasta nuestros días, el socialismo putrefacto con sus agentes del caos, dados en llamar “partidos populistas”.

Y del otro lado de la muralla visible e inquebrantable habitan los cerdos capitalistas con sus gérmenes neoliberales para adoctrinarnos como esclavos modernos y hacernos creer que la meritocracia es el puto amo.

Cada vez más divididos y dominados, parece ser que no aprendimos nada de la historia, treinta años pasaron ante un hecho que debió servirnos de ejemplo para no cometer los errores del pasado, para no caer en la tentación de modelos buenos para pocos y demoledores para muchos.

Hay un «Muro de Berlín estigmatizado en nosotros», es el primero al que hay que hacerlo pedazos, de nada servirá aquella destrucción si hoy respiramos grietas y separaciones de todo tipo.

Una rivalidad inmunda que trabaja para la unificación del odio humano, esto provoca océanos de desigualdad, alimenta un círculo vicioso exquisito, perfectamente craneado por poderes superiores, ojalá el daño social no sea irreparable, la cicatriz de piedras aún no muere, está gritando para la creación de un despertar mundial, clama por un desorden equitativo para traccionar en un orden abarcativo.

Pero este hachazo ideológico, político y social lo devora todo, es un ácido perfecto, imparable, imborrable, es un parásito que se hizo fuerte, ahora es una pandemia colosal, estamos obligados a permanecer encerrados, concentrados en suciedades inmortales sobre sociedades en llamas.

Publicado por Messiánico de Alfredo N. Avila

Apasionado por la escritura castellana, periodista. Amante de los deportes y la vida saludable. "El tiempo es lo único que no se recupera", invierte en tus pasiones y serás más feliz.

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